Fútbol Infantil: Los cambios para marcar cambios
Hacer jugar a todos tiene un sentido fundamentado en lo lúdico. Los chicos tienen que jugar, al menos un instante para compartir con el otro esa sensación inexplicable de ser parte del juego.
Por Jorge Pablo Piccolo
Técnico Superior en Periodismo Deportivo y Profesor de Educación General Básica.
Opinión.-
El instinto lo llevamos todos. Es que la razón la compartimos solos los seres humanos, por eso, supuestamente, somos la raza superior. Aquí estamos en este reino haciéndonos camino por encima del resto sólo por la razón que a veces ni la razón entiende.
Cuando un cachorro está expuesto a los peligros, cuando reclama con llantos la presencia de los que le dieron vida, cuando sus gestos son inconfundibles, allí aparecen los progenitores.
Trasladadas estas máximas a distintos ambientes, en especial al deporte, quedan expuestas las similitudes en ciertas circunstancias. Habrase visto alguna vez la cara de desconsuelo por el gol errado, por el penal malogrado, por el tanto en su propia valla pero no hay peor situación de claras expresiones gestuales en un niño que la de no haber podido ni siquiera pisar el verde césped.
La mirada perdida, los ojos clavados en el suelo, las pupilas dilatadas y hasta la gota que cae subiendo primero y bajando después por las hinchadas mejillas. Esos gestos le duelen al padre y a la madre, está claro, pero el desconsuelo es del chico, el que lustró los botines, el que se encargó de pasar los cordones por los orificios, el que eligió el del mismo color para que combine con los del club que representa.
Terminó el partido y alguien quedó en el banco esperando el llamado del técnico. Terminó el partido y alguien quedó frustrado detrás del alambrado. Terminó el partido y alguien deberá esperar hasta la próxima fecha. Para el chico que no entró, para el chico que no jugó, minutos después la vida seguirá siendo redonda pero el momento de estar con todos, el de escuchar el pitazo del árbitro, el de ser visto por los que más quiere ya pasó.
Así pasó, en ciertas circunstancias, durante este año (y pasó en otros también). Hubo chicos que no jugaron al menos un par de minutos y eso no está bien. La Liga Intervecinal del Fútbol Infantil Galvense les da año tras año a más de 700 chicos la posibilidad de jugar sábado tras sábado. Sin embargo después los que deciden durante 30 a 40 minutos de juego son los técnicos. ¿Por qué entonces ese chico que estuvo en el banco no ingresó? ¿Por qué si también tenía derecho a correr detrás de la pelota y, por más que no llegase a golpearla, estuvo cerca de hacerlo?
No existe en LIFIG un reglamento que obligue a los técnicos realizar cambios antes que finalice el partido para que jueguen todos. La desaparecida Liga del Litoral pasó por esa situación y, por decantación, tuvo que reglamentar que a falta de tres minutos para el final se deben realizar todos, si, todos los cambios. La Liga Regional Totorense obliga a tres cambios reglamentarios en el entretiempo más el resto en cualquier momento del segundo período.
Son sólo un ejemplo pensando puramente en los chicos. Es que, precisamente, esa pureza en los más pequeños nos deberían abrir los ojos para entender que ellos solo quieren divertirse. El exitismo, lamentablemente, los llevará a la competencia con el paso del tiempo pero es hora de darles la posibilidad de defenderse solos dentro de la cancha detrás de una pelota y no sentado en el banco de suplentes mirando al piso sin entender porque se merecieron estar en un lugar donde la tabla que los sostiene sólo les sirve para esperar el momento de ser felices.










