Historias: Violencia engendra violencia
Los hechos de violencia en el fútbol regional durante 2011 no deja de ser preocupante. En la Liga Totorense, en la Sanlorencina, en la Santafesina y la Ceresina se dieron sucesos de agresiones. El resto de las ligas no quedaron ajenas a hechos mínimos pero no dejan de ser importantes. Una reflexión tras una historia de 22 años.
La frase quedó para la historia: “peleó como un toro salvaje”. La inocencia de aquellos primeros años tenían eso… el salvajismo impropio de una visión errónea de la situación pero sabiendo que algún camino había que tomar para explicar y contar las cosas.
Año ’90, 22 atrás en la memoria y un hecho de violencia marcaba mi carrera de periodista o de aprendiz de periodista… aunque nunca se termina de aprender. Un partido de fútbol, como tantos otros, no terminaba porque la ira podía más que un gol, más que una gambeta, más que un sombrero.
Si, hace 22 años atrás y no deja de suceder. Seguramente en el ’60, en el ’70 o en el ’80 también hubo suceso similares solo que no había testigos letrados que luego expusieran en papel y tinta lo ocurrido o tal vez era impropio para la época.
Lo cierto es que los tiempo cambian ¿los tiempos cambian? Difícil asegurarlo cuando aún se discute el significado de la palabra verdad y se discute quién tiene la verdad.
Aquella frase fue impresa en periódico, tal vez intrascendente para estas épocas, pero fundacional para quien escribe. Esa frase contaba como un hincha se peleaba con otro hincha y el seudo periodista pasaba de cubrir un partido de fútbol a una pelea de boxeo sin cuerdas, lona, árbitro ni ring side. La violencia sin reglas, sin sentido y con la consecuencia de toda violencia. Un solo suceso en un millar porque lamentablemente eso es, uno, dos, tres violentos, ayer, hoy y, esperamos equivocarnos, siempre.
Hoy las estadísticas mandan y si enumeramos violencia emparentado al deporte, nos duele porque nos moviliza el deporte y no la violencia que se puede generar. ¿Cómo evitarlo? Encerrando a los toros salvajes o domesticándolos. Haciéndoles entender que la violencia no soluciona un problema. Que el diálogo y las actitudes, la palabra y el consenso logran con el tiempo ganar más toreros para el rodeo que toros para el matadero.











